Entonces –prosiguió ella. – no la presionaste y luego cambiaste de técnica por qué ella escaparía de ti.
Bueno, lo hizo.
La acusaste de una tontería.
Fui un idiota. –admitió y Gabriela sonrió. -Oh, me he ganado una sonrisa de la princesa.
Solo porque dijiste una verdad.
Pese a lo que soy, ya sabes… rico, guapo, encantador y todo eso. –bromeó y ella puso los ojos en blanco. – sabía que eso no la tentaría en lo más mínimo. Aun insiste en realizar arriesgados trabajos cuando podría limitarse a no