La luz de la mañana se filtraba apenas por las rendijas de los ventanales, aún no había entrado Salma a abrir las cortinas y eso le extrañó, pero lo agradeció así que mientras pensaba en ello con los ojos aun cerrados Gabriela se estiró en la cama, había dormido excelentemente bien. Tanto, que se atrevería a afirmar que su descanso de esa noche era el primero que disfrutaba así desde su llegada. Se puso de lado y buscó la almohada para toparse con un cuerpo largo, musculoso y caliente. Se quedó