La luz del sol se filtraba por las ventanas. Gabriela se sentó de golpe. Era tardísimo, se había quedado dormida. A su padre no le gustaba que llegara tarde. De pronto, la realidad la golpeó, se fijó en la enorme cama, en la habitación y vio su vestido de la noche pasada puesto sobre una silla. Se fijó en su cuerpo y se dio cuenta que estaba en ropa interior. Seguro León le había quitado el vestido. Volteó a ver si él seguía allí y solo la marca en la almohada indicaba que allí había estado.
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