Eso era lo que Phoenix ansiaba con todas sus fuerzas. Su pene lo pedía, la entrada de Jade lo pedía, sus malditos pezones lo pedían.
—Es pronto —dijo Phoenix—. Quiero que te empapes por mí.
—No lo soporto —chilló ella con lágrimas corriendo por los costados de sus ojos de tanto contener el orgasmo—. No puedo soportarlo. Por favor, señor. Haré lo que quieras.
Phoenix movió la mano más rápido sobre su pene y apretó los dientes a medida que más líquido brotaba de su glande.
—Quiero que cierres la