Epílogo. Alessandra
El aplauso de todos hace eco en el local. Volvemos a acercarnos, empezamos rozando nuestros labios y poco a poco el beso se torna adictivo.
Me separo de él lentamente.
—Todavía tienes algo que hacer — le digo. Él me mira esperando que continúe hablando. Separo una silla de la mesa y me siento. Tomo el borde del vestido y lo voy subiendo con cuidado. Él me hace una mirada levantando las cejas tipo “estás sin bragas”. No soy tonta, pudo subir el vestido perfectamente hasta la cinta sin que se ve