Eran bien avanzada la mañana cuando Rubén y Marge llegaron al apartamento, cargados con las “medicinas” de Javier y algo más para Emily y Estefanía que, con rostro somnoliento, arrastraban sus cuerpos en dirección a la cocina.
—¿Mi hermanito no ha despertado aún?
—No lo ha hecho, pero tiene ya mejor semblante y algunos colores en el rostro —dijo Emily, despierta desde el momento en que vio los croissants que trajo Marge asomándose por la bolsa.
—Bien, entonces no debe tardar en hacerlo —dijo R