Jeray y Luca jugaban y hablaban como si se tratasen de grandes amigos y esa fuese una de las tantas partidas de ajedrez que tenían, mientras Avery, con un libro en sus manos y haciendo como si estuviera entretenida leyendo, los observaba con fijeza desde el sofá.
Desde que el hombre había entrado al apartamento todo había sido diferente, incluso el aire que respiraba era escaso y el calor que sentía en su cuerpo no lo podía soportar. Pero aquello que presenciaba jamás lo hubiese imaginado ni en