—¿Cómo dormiste? —inquirió la chica, acariciando los cabellos de su hermano.
—Bien —sonrió somnoliento—. A veces me siento muy cansado, pero el doctor Asier dijo que era normal.
—Pronto te vas a sentir mejor y no vas a estar tan cansado.
La sonrisa del niño se hizo más amplia y sus ojos azules soterraban los miedos que lo asediaban para que su hermana no se preocupara de más por él.
—Debo irme, pero vendré más tarde, ¿de acuerdo? —le explicó.
—¿Vas al trabajo? —inquirió al tiempo que el doc