—Disculpe que lo interrumpa, Sr. Le Bon —se excusó la secretaria del hombre, más molesta de lo que estaba antes—, pero su hermano vino a hacerle una visita. Ya le dije... Sr. Le Bon, ¡no puede entrar sin permiso de...!
—Déjalo, no importa —Jeray le respondió más tosco de lo habitual y el ceño de ella se endureció un poco más—. Y si no es para nada importante, será mejor que no me interrumpas.
—Sr. Le Bon, déjeme decirle que...
Pero el hombre no estaba de humor para oír razones, no estaba listo