Máximo.
No quería que cuando despertara ellas no estuvieran allí, se resentiría, le dolería, esperé a que llegara Camilo, salí yo en busca de las brujas esas.
—¿Pero qué vas a hacer? —preguntó camilo.
—Ya vengo.
—Ya Ada y doña Irma saben, vendrán cuando puedan.
—¿Cuándo puedan? —pregunté con ironía, rodé los ojos y lo dejé pidiéndole que no se apartara de allí y me informara cualquier cosa.
Sabía dónde estaban, así que manejé a la casa de mis padres, ahora solo Hilda, Eva, mi padre y mi madre n