Máximo
Moría por verla, esa era la verdad, me emocionaba estar de pie frente a ella con cualquier excusa, saber cómo le había caído la decisión de su hermana, era una excusa perfecta, pero me dejó mal cuerpo verla así; se veía muy fea, estaba horrible, ojerosa y pálida, con moretones en la piel, más delgada de lo que la recordaba, tenía salpullidos en la piel, caminaba y respiraba con dificultad.
—¿Qué tienes?
—Gripe —respondió.
—Tú eres la enfermera, pero te ves muy mal Irene.
—Gracias, que li