Irene.
Desperté sintiendo mucho frio, enseguida noté a alguien moviéndose en el sofá a mi lado, era mi madre, me sorprendí al verla, pero me alegré, me sonrió, se levantó con prisa situándose a mi lado, acarició mis cabellos y los besó.
—Ya estás bien nena —dijo.
—¿Qué tenía?
—Dengue hemorrágico.
—¡Dios!
—Sí, gracias a Dios Máximo te trajo a tiempo.
—¿Dónde está?
—Arreglando un asunto. Su pobre padre se está atormentando por una imprudencia que cometió al teléfono. Hija voy a decirte esto de un