Capítulo 31

Irene.

Desperté sintiendo mucho frio, enseguida noté a alguien moviéndose en el sofá a mi lado, era mi madre, me sorprendí al verla, pero me alegré, me sonrió, se levantó con prisa situándose a mi lado, acarició mis cabellos y los besó.

—Ya estás bien nena —dijo.

—¿Qué tenía?

—Dengue hemorrágico.

—¡Dios!

—Sí, gracias a Dios Máximo te trajo a tiempo.

—¿Dónde está?

—Arreglando un asunto. Su pobre padre se está atormentando por una imprudencia que cometió al teléfono. Hija voy a decirte esto de un
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