Irene
Me sentía mal porque parecía que le estaba complaciendo, él me quería hacer su amante y ahí estaba yo diciéndole que quería seguir viéndolo, eso solo me convertiría en su amante. «Solo sexo», era peligroso, porque él estaba claro con eso, yo en cambio, me sentía adicta a él, a su elegancia, belleza, personalidad encantadora, no era mío, pero podía fingir que sí, solo porque él me encontraba atractiva lo suficiente para estar conmigo.
—Me gustas Irene, sé que no eres como las demás, lo sé