Mundo ficciónIniciar sesiónMiraba el reloj, el tiempo no pasaba, aun eran las cinco de la tarde, inclino la cabeza en la puerta del cuarto, donde estaba Nana, y Samanta con Ángel. La preocupación corría por mi cuerpo. Cierro los ojos.
Estaba desesperado el rejo marcaba las diez de la noche y no tenía noticias de Ángel, camino de un lugar a otro tratando de despejar mi mente, pero nada funcionaba. Suelto un suspiro, el pasillo ya me estaba pareciendo demasiado ancho, me siento d







