Mama.

Trataba re revisarle las heridas a Mathew, pero no se quedaba quieto. Un no me había explicado cómo había terminado así, y tampoco quería presionar, confiaba que cuando estuviera listo, me lo diría.

_ ¡Mathew quédate quieto!- le regaño.

Me mira sorprendido; de repente suelta una carcajada.

_ Claro mama- vuelve a reír.

_ No es gracioso- me quejo. Cruzo los brazos, enfadaba.

Me da un sonoro b

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