Soy medianamente consciente de las manos acariciando mi cabello, el tacto se siente lento y relajante, quiero abrir los ojos para saludar a papá pero por alguna razón me siento agotada. Las manos siguen sobre mi cabello dejando caricias suaves y perezosas y en cuanto abro la boca para decirle algo, un dolor agudo atraviesa mi garganta y me obliga a cerrarla.
Frunzo el ceño porque no recuerdo que estuviera enferma; poco a poco voy saliendo de la bruma del sueño, y los recuerdos van llegando a mí