La noche siberiana cayó sobre la cordillera con una densidad casi tangible, como si el propio cielo se hubiera transformado en un manto de terciopelo y obsidiana. En las alturas de Colmillo de Plata, el frío era tan intenso que la humedad de los ventanales se congelaba al instante formando patrones intrincados de runas heladas. Sin embargo, en el Gran Santuario del Bismuto—el recinto ceremonial ubicado justo sobre las cámaras subterráneas del monolito madre—el calor era sofocante, denso y carga