Él se acercó más y me envolvió en un beso más largo, lleno de promesas silenciosas.
Cuando el móvil vibró en mi bolsillo, interrumpiendo el momento, miré la pantalla y vi el nombre de Alex.
Christian me miró angustiado.
— Suerte —murmuró, su voz cargada de preocupación y apoyo.
— Gracias —susurré antes de salir de la sala para atender la llamada.
— Hola, Alex —dije, intentando sonar tranquila, aunque mi corazón iba disparado.
— Ariel, estoy aquí en la entrada —respondió él—. ¿Estás lista?
— Sí,