Camila Stuart
Rechazo la llamada de mi jefe por quinta vez esta mañana.
No ha parado de llamarme desde anoche que me dejo en mi edificio, y como la cobarde que soy cuando no sé cómo manejar una situación, he estado evadiéndolo de todas las formas posibles.
Mi cerebro no ha parado de repetir lo que pasó en su auto y mis labios cosquillean todo el tiempo con ganas de volver a sentirlo.
Sin embargo, me obligo a concentrarme en mi trabajo y no pensar en mi estúpido y sensual jefe, después de todo,