Camila Stuart.
Cinco horas, veinte y ocho minutos y treinta y dos segundos.
Ese fue el tiempo que pase encerrada entre las cuatro paredes de la habitación de Leonardo Greco, sin mi teléfono, sin nadie con quien hablar y sin saber qué diablos estaba pasando.
Después de ese tiempo un hombre alto y fornido que parecía matón me saco de ahí y me llevo a casa sin inmutar palabra alguna.
Tuvimos que ir a la convención como equipo y sin la cabeza de la empresa, su secretaria solo nos informó que no pod