Camila Stuart.
Cinco horas, veinte y ocho minutos y treinta y dos segundos.
Ese fue el tiempo que pase encerrada entre las cuatro paredes de la habitación de Leonardo Greco, sin mi teléfono, sin nadie con quien hablar y sin saber qué diablos estaba pasando.
Después de ese tiempo un hombre alto y fornido que parecía matón me saco de ahí y me llevo a casa sin inmutar palabra alguna.
Tuvimos que ir a la convención como equipo y sin la cabeza de la empresa, su secretaria solo nos informó que no podía presentarse por motivos de fuerza mayor y tuve que representar al equipo entero.
Pero fue un buen fin de semana y como me lo repitió mi mejor amiga, no me encontré con ningún conocido y mi familia nunca se enteró, a la única que vi fue a Mel, pasamos la tarde del domingo juntas antes de que yo tuviera que volver a Palermo.
Después de eso seguíamos sin saber nada de mi jefe, dos semanas de incertidumbre por las cosas que sé y me llevan a elaborar teorías idiotas en mi cabeza.
Dos semas donde n