El aire era denso y pesado cuando Álvaro salió del tribunal. Su mandíbula estaba apretada, su mente hervía de rabia, pero su expresión se mantenía firme. Joseph estaba libre.
A su lado, Valentino caminaba con pasos largos y decididos, su mirada oscura clavada en el suelo. Ninguno de los dos hablaba.
Fue al llegar al auto cuando Valen rompió el silencio con un golpe seco al techo del vehículo.
—¡No lo puedo creer! —gruñó, respirando con dificultad—. ¡Ese tipo es culpable! ¡Lo sabemos! ¡Todos lo