El día había llegado, y la luz del sol se filtraba a través de las grandes ventanas de la iglesia, iluminando los rostros de los presentes. Para Aurora y Álvaro, era el día que habían esperado tanto tiempo, un día que representaba no solo un matrimonio, sino también una nueva vida juntos, libre de secretos y mentiras. El momento era perfecto, la iglesia decorada con flores blancas y toques verdes que complementaban la pureza de su amor.
Aurora, con una calma serena, no podía dejar de mirarse en