El bautizo de Juana Méndez Sáenz llegó y, con él, una emoción desbordante que se reflejaba en cada rostro. La capilla estaba decorada con elegancia y ternura: globos blancos flotaban en el aire, mientras que delicadas rosas blancas adornaban cada rincón, impregnando el ambiente con su suave fragancia.
Aurora, con su vestido blanco impecable, sostenía a su pequeña hija en brazos, envuelta en una mantita de encaje, mientras Álvaro caminaba a su lado con orgullo en la mirada. Los padrinos, Valenti