El sonido de los neumáticos sobre el asfalto mojado era lo único que rompía el silencio de la noche.
Joseph miraba su teléfono, revisando el mensaje que acababa de recibir.
"Eduardo está con Fátima."
Su expresión no cambió, pero sus dedos se cerraron con fuerza alrededor del volante.
Sabía que no podía confiar en ese imbécil.
—Bien jugado, Eduardo —murmuró para sí mismo.
Luego, marcó un número.
—¿Dónde están ahora?
—Acaban de salir del trabajo de ella al parecer —respondió la voz al ot