Álvaro estaba en su casa, rodeado de las sombras de su propio desconcierto. No podía dejar de pensar en todo lo que había sucedido en las últimas semanas, en los secretos que lo rodeaban, en los errores que había cometido. La verdad lo golpeaba cada vez más fuerte, y a pesar de la distancia física que había entre él y Aurora, sentía que las palabras no dichas entre ellos seguían pesando más que nunca.
Estaba allí, sentado en el sofá, con el alma hecha pedazos, cuando su teléfono vibró sobre la