Mundo ficciónIniciar sesiónEn ese momento Gerónimo continuaba hablando con Darío, frunció el ceño al reflexionar sobre las palabras de su amigo. Reconocía que tenía razón, pero sus autos eran especiales, con todo lo que podían necesitar si los atacaban. Eran fuertes y poderosos, pero todas las mujeres en Roma lo conocían.
—Tienes razón. Llamaré a Filipo para que me consiga uno nuevo y de otro color, algo discreto. Aunque no me encan






