La madre de Coral, al escucharla, tomó la jarra de sus manos mientras le aseguraba que lo encontraría. Era joven y bella, tenía una vida por delante y estaba segura de que lo encontraría.
—Y cuando lo hagas, atrápalo y no lo sueltes; no importa quién sea —le pidió con vehemencia y agregó—. Yo te ayudaré a ser feliz, Coral; nunca más permitiré que tu padre te imponga algo, hija.