Mundo de ficçãoIniciar sessãoSe miran entre ellos, sin poder creer que su madre les estuviera tendiendo una trampa, no solo a sus esposas, sino también a su propio hijo. Gerónimo y Guido se miran sin comprender nada.
—¡Maldito! ¡Nunca debí conocerte en mi vida! —escuchan a Rosa gritar furiosa. Guido permanecía inmóvil, aunque sus manos, cerradas en puños, temblaban de la rabia contenida. Gerónimo, en cambio, apretó la mandíbula al punto de que se podía ver cómo esa ira silente iba devorándolo por dentro. Rosa,






