Mundo ficciónIniciar sesiónEn la entrada de la casa del doctor Rossi, Guido estaba visiblemente sorprendido al ver aparecer a Cecil en ese estado. Ella lloraba desconsoladamente, arrodillada frente a él, con el rostro húmedo por las lágrimas.
—Perdóname, Guido, perdóname —repetía Cecil una y otra vez. Guido la levantó con mucho esfuerzo y la abrazó con fuerza contra su pecho. Luego, sin mediar más palabras, comenzó






