Después de llorar un buen rato, Lutxi tomó una profunda bocanada de aire y volvió a colgarse su mochila al hombro.
No quería que la vieran así, por lo que rodeó la casa hasta treparse a un árbol que tenía una rama gruesa que estaba a dos metros del balcón de una habitación de invitados. La usaba todo el tiempo para escaparse o bien escabullirse a escondidas sin que sus padres se dieran cuenta incluso desde pequeña.
Entró a escondidas a su casa, lo más silenciosamente posible, y fue al baño de l