Después de presenciar el cursi espectáculo de sus padres abrazándose y besuqueándose en el pasillo como si ellos fueran los adolescentes en la casa, Lutxi decidió dejar su manía de espiar y se escabulló silenciosamente lejos de ellos, subiéndose al techo y mirando la noche estrellada.
Esa escena le había confirmado lo que ya sabía: que era una locura que esos dos se divorciaran o estuvieran separados.
No sabía ni lo primero ni lo último respecto a cuestiones amorosas, pero había cosas obvias e