NATASHA
Ahogué un quejido cuando sus dedos largos se ciñen en mi brazo, con mucha fuerza. No sé en qué momento llegó hasta a mí.
Tiró de mi brazo y en eso mi cuerpo chocó con el suyo, tenía su mirada oscura más cerca de la mía y lo único que sentí en este instante fueron mis piernas temblequear.
—¡Dante, suéltala! —gritó Luca, estaba parado dónde mismo.
El padre de Alessio dejó de verme y comenzó a caminar conmigo, todavía con ese firme agarré. Salimos del cuarto de baño, mi tío se detuvo en el