NATASHA
Mi corazón no dejaba de latir con tanta fuerza, ya habían pasado los minutos y nada que tuviéramos respuesta de que estén bien. Mi pulso martillaba como los latidos de mi pecho. Tome aire y trate de controlar mi respiración cuando sentí mi estómago también inquieto.
Por dios, tanta preocupación me va a terminar matando. Comencé a echarme aire con las manos, sentía que me sofocaba.
―¿Te sientes bien? ―Me hizo la pregunta Santino.
Desde que llegamos a la clínica no se ha despegado de m