Víctor miró su teléfono por centésima vez. Eran las 11:47 p. m. Scarlett llevaba casi dos horas fuera y la tienda de comestibles a la que siempre iba estaba a solo quince minutos.
Intentó convencerse a sí mismo de que solo se estaba tomando su tiempo, quizá parando en algún otro sitio, pero en el fondo sabía que algo iba mal. Scarlett era predecible: iba al Peterson's Market, compraba lo que necesitaba y volvía directamente a casa. Nunca se desviaba de su rutina.
Victor se desplazó por sus cont