Victor se acercó al carrito de bebidas que había en la esquina de la sala y se sirvió un generoso vaso de whisky. Ahora sus manos estaban más firmes, como si hubiera recuperado el equilibrio.
—Esto es lo que va a pasar —dijo, dando un sorbo lento—. Clara, te vas a casar conmigo. La próxima semana, si es posible.
Las lágrimas de Clara dejaron de fluir. —¿Qué?
—Ya me has oído. Nos vamos a casar. Una gran ceremonia, mucha cobertura mediática, todo un cuento de hadas.
Dean frunció el ceño. —Victor,