El color desapareció del rostro de Víctor, para luego volver en una oleada de furia roja. —Clara no es mi...
—Por favor —Scarlett hizo un gesto con la mano como si espantara una mosca—. Guárdate las mentiras para alguien lo suficientemente estúpido como para creérselas. Ambos sabemos de quién es el bebé que espera. El momento es bastante obvio, ¿no crees?
—No sabes de lo que estás hablando.
—¿Ah, no? —Scarlett sacó su teléfono y se desplazó hasta un mensaje que había recibido esa mañana—. En re