El sol de la mañana se derramaba por los altos ventanales de la mansión, iluminando los suelos pulidos con un suave resplandor dorado. Motas de polvo danzaban perezosamente en el aire, atrapando la luz como diminutas chispas.
Elysia estaba sentada en el salón, con las piernas cruzadas y un vaso de jugo de naranja en la mano. Lo giraba suavemente, observando cómo la luz del sol hacía que el líquido brillara como ámbar.
La casa estaba en silencio, salvo por los leves crujidos de la madera al asen