Cassian Valtieri caminaba de un lado a otro en su despacho como un animal atrapado, cada paso cargado con la fuerza de la rabia que hervía dentro de él.
El suelo de madera oscura crujía bajo sus zapatos, pero no disminuía la velocidad. Ni siquiera se daba cuenta de cuántas veces había recorrido el mismo espacio.
Su mandíbula se tensaba y los dedos se le cerraban en puño mientras revivía el enfrentamiento que acababa de tener con la mujer que estaba destinada a convertirse en su esposa.
La mujer