Dejó de respirar, sus ojos se quedaron en los míos, ni siquiera parpadeó.
―André, no creo que una madre debería hacer eso. Yo soy tu mami, no…
―Porque eres mi mami deberías ayudarme, cuidarme. Quiero que sientas cuánto te amo. Tu pequeño te ama mucho, mucho ―repliqué con un tono que pretendía ser más suave, pese a que salió más ronco.
Las vibraciones de mi voz la hicieron cerrar los ojos por un segundo y cuando los abrió su mirada obnubilada me dijo que casi la tenía donde quería.
―Yo…
―Mami, e