Sus dedos femeninos y delicados peinaron mis cabellos con suavidad, sus ojos se enfocaron en mi rostro, brillantes, amables, con cierta chispa al fondo de sus pupilas candente que reveló su anhelo más profundo, ese que no quería mostrar, y la razón por la que mi cabeza seguía en sus piernas pese a que, aparentemente, ya no lo necesitaba.
Succioné con vigor, sin dejar de pasar la lengua alrededor de la areola. Nunca me cansaría de su exquisito sabor, de su esencia tibia que explotaba en mis papi