Se tensó por un segundo, sus ojos quemaron en mi rostro y luego me jaló para arroparme con sus brazos, reconfortarme con su calor, con su humanidad, con la que casi nadie me mostró antes de él. Pero no lloré, no tenía lágrimas, no para Georgia, no para ese momento. Ni siquiera tenía cabeza para pensar en lo que vendría después, solo quería correr, salir de esa casa antes de que mi supuesta hermana volviera y me atrapara, antes de que supiera que su obra surtió efecto y podía estar embarazada.
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