Mundo de ficçãoIniciar sessãoJerónimo perdía cada día más paciencia y más diplomacia. Ya no consultaba al Consejo, directamente les gritaba apuntándolos con un dedo. Les reclamaba por la vida de su hija, lanzó amenazas y se negó a continuar con la campaña electoral. No había renunciado aún, pero tampoco hacía apariciones públicas.
Y para colmo, su esposa se consumía con cada hora que Verónica no estaba con ellos. La casa d







