Emily volvió a abrir los ojos. Apenas unos momentos antes de que su respiración se estabilizara nuevamente. Estaba dormida, tranquila, y eso fue lo único que realmente importaba en ese instante. No obstante, una sensación de inquietud persistía en el aire, una que no podía ignorar.
Fue entonces cuando el pequeño Leo se acercó sigilosamente. Su figura era diminuta, pero su presencia era tan sólida como cualquier adulto. Se mantuvo en silencio por unos segundos antes de hablar, y sus palabras con