Llegando a la frontera.
Itzel y MarLia observaban desde una distancia segura cómo los lobos de la manada Luna Creciente custodiaban la frontera. La luna brillaba sobre ellos, y el viento susurraba secretos ancestrales. MarLia, con su pelaje gris plateado, tenía una mirada intensa mientras estudiaba a los centinelas.
—¿Crees conveniente que nos acerquemos? —preguntó MarLia, rompiendo el silencio.
Itzel miró a su beta. MarLia había crecido bajo las órdenes de Aleron, su hermano. Conocía su crueldad y su desprecio por la