La luz del atardecer se filtraba suavemente a través de las cortinas, bañando la habitación en tonos dorados y cálidos. Teo estaba sentado en el suelo, apoyado contra el sofá, con la pequeña Lía en sus brazos. La bebé, con sus grandes ojos curiosos, observaba todo a su alrededor mientras jugaba con los dedos de su padre.
Itzel, sentada junto a ellos, sonreía al ver la conexión entre Teo y Lía, sin poder creer que desde pequeña, su hermosa hija sintiera tanto amor por su padre. Se inclinó hacia