Sin poder evitarlo empezó a reír, aquella había sido una forma perfecta de espantar a Margaret y hacer que no regresara a la casa. Los meses seguían pasando, la perversa Margaret, luego de la fiesta se había propuesto echarla del pueblo, al parecer creía que era más peligrosa que la casa en sí —menuda cretina.
Cuando llegó Halloween el pueblo mostró que ya la consideraban parte de la comunidad, prueba de eso fue que le preguntaron si iba a repartir dulces. Como era una casa que estaba lejos del