El rostro de Margaret era de no creer. La mujer estaba totalmente roja, Christie tenía tiempo de no divertirse tanto. Aquello enojaba aún más a la odiosa tipa. En especial cuando Christie la miró a los ojos y sonrió de forma maliciosa.
Divirtiéndose, siguió alentando los dobles sentidos. Jenkins no parecía comprender lo que pasaba.
—Su esposo y yo estuvimos juntos cerca de media hora. Luego vine a preparar café, bebimos una taza y subimos un rato más. Me atrapó usted toda agitada y sudorosa pu