Los brazos la envolvieron y sintió su olor y su calor resguardándola, e instintivamente se pegó a él y lo abrazó con fiereza.
—Jace…—susurró.
—Tranquila, tranquila.
La posó en la cama y pronto estaba pasando un paño húmedo en su rostro y revisando su herida. Luego la limpió y vendó. Ella temblaba y sus ojos anegados eran muestra de su tensión, pero la garganta cerrada le impedía contar lo que había ocurrido.
—Es un golpe feo y te va a doler mucho la cabeza, pero con este antiséptico y la venda