-Demonios, Tina, ¡cómo me pones!-susurró él, emitiendo un gruñido suave cuando ella rodeó la corona con su lengua, en un toque sutil y sensual.
Alentada por la obvia excitación de Jace y munida del coraje que da la pasión, aumentó la apertura de su boca y deslizó el miembro en su cavidad, maravillándose de la suavidad y el erotismo del acto. Se sintió poderosa; ese hombre la observaba con ojos entornados y sus caderas empujaban con suavidad para hundirse más en su boca, y ella no lo decepcionó.