Intenso, pero así era él. Cálmate, idiota, se instó. No quieres asustarla. Esta hermosa mujercita es como una tímida presa que ha sido
acosada y herida. Necesitas convencerla de salir de su refugio y desplegar sus alas. Para que vuele contigo. Evitó rodar los ojos ante su poco convincente poeta interno. Si Kaleb lo escuchara se reiría de él hasta el Juicio Final. El cabrón...
-¿Nos vamos?
Asintió, y sin soltar su mano, la guio hasta el ascensor.
-¿Te gustan los parques de diversiones?
Ella lo m